Más de “600 días
En la calle, de madrugada, un sonoro alboroto: los perros comenzaron a ladrar dolorosamente. Recordé las narraciones de mi abuela refiriéndose a que los compañeros del hombre pueden ver cosas que nosotros no. Tal vez la muerte pasó de pronto; tal vez un ensayo de su presencia.
¿Ella, la muerte, seguirá siendo parte de la vida, certidumbre del ser humano? ¿Aún tendrá una categoría mística, espiritual, ancestral, filosófica alejada de cualquier manipulación e inferencia?
Escribo estas líneas veinte días después, mucho más de 600, seguramente “habrán pasado [muchos más días] desde que se recrudeció el genocidio contra el pueblo palestino”, desde la publicación de “600 días” de Leonardo Aranda donde da cuenta de que “nuestros peores temores sobre los riesgos de las tecnologías digitales se han concretizado en sistemas de vigilancia, control y exterminio”: el futuro es nuestro presente.
¿Te suena Gaza y la muerte de los párrafos anteriores? Pues, bien, y coincido con Leonardo, al poner en la mirada a aquella región como un escenario “al que nos acercamos peligrosamente en múltiples territorios del Sur Global”, además, Palestina “nos enseña […] sobre nuestra relación actual con la tecnología y cómo podemos tomar otros caminos”, claro está que “el genocidio palestino no significa poner este evento en un lugar de excepcionalidad” ya que todas, todos, todoas “estamos potencialmente expuestas, expuestos, expuestoas a formas de precarización y deshumanización”.
Sistemas y tecnologías, en esta era digital, usados para el genocidio en Gaza ya han sido adquiridos, y no de ahora, por diferentes gobiernos del mundo para mantener un “control totalitario” que amenaza la vida: “las tecnologías digitales, en su manifestación actual, se han articulado bajo una racionalidad necropolítica”, observa Leonardo.
n.e. Necropolítica: uso del poder político para decidir quién vive y quién muere, y como se administra esa muerte.
Cobran sentido, entonces, aquellas preguntas al principio de este texto, ¿no?
Así, pues, Aranda muestra el funcionamiento de estos sistemas digitales sostenidos por “la vampirización del trabajo vivo […] concretizado en algoritmos […] bajo una lógica extractiva”, del uso y agotamiento “de los recursos ecológicos” e instrumentos “para las formas de vigilancia, control y gestión de la muerte, cuya manifestación más extrema es el genocidio”.
De tal forma la, ahora, gobernabilidad algorítmica cuyos elementos como la cosecha, el análisis, el perfilaje y la aniquilación son quienes determinan la vigilancia, el control y a la postre la muerte, pero no están solos, tienes sus proveedores: las Big Tech.
Nos cuenta Leonardo que este nombre se les da a las grandes empresas tecnológicas y que, para mala suerte —si cabe llamarle así— “han tomado una trayectoria decisiva hacia la derecha, en una clase de tecnofascismo”, mismo que es importante participe en Palestina.
Lo anterior nos lleva a cuestionarnos, de primero, por la muerte y con ello la libertad ya que este control algorítmico “no apela más a la racionalidad de las personas, sino que intentan gobernarles conduciendo sus conductas por medio de estímulos afectivos” convirtiéndonos en una “ciudadanía digital” con perfil algorítmico en “diferentes grados de libertad” y bajo el concepto de futuro íntimamente ligado a los controles
digitales (tecnofascismo, necropolítica y gobierno algorítmico):
[…] al general de la población se le impone la obligación de estar conectados a diferentes plataformas, como condición para su existencia social, mientras que su movilidad física cada vez se ve más restringida por las diferentes fronteras reales y simbólicas que imponen.
De acuerdo con Leonardo tanto el proyecto de muerte como el de futuro ya no están en manos de la concepción teórica filosófica, tampoco en los gobiernos, sino en las empresas que conforman el Big Tech. Ambos proyectos son moneda de cambio aderezados por el postcapitalismo a lo que se denomina hipestición, “que no es otra cosa que una profecía autorrealizada por la intensificación del vínculo histórico entre capital, política y tecnología, encriptada en algoritmos, modelos estadísticos e infraestructuras”, comenta Aranda.
Con la ciudadanía digital viene el Yo Digital y no estamos hablando de una novela de ciencia ficción. En el mundo virtual en que interactuamos, explica Leonardo, ese Yo nos define, no por nuestros pensamientos ni emociones, sino por nuestra posición estadística dentro de una red de relaciones digitales: registros mesurables, patrones, es decir, estadísticas y probabilidades. Con toda esta cantidad de datos, afirma Leonardo, llegan a “la decisión ética de quitarle la vida a un grupo de personas de las maneras más crueles [que] son delegadas a patrones algorítmicos que automatizan la matanza”, no por lo que han hecho, sino por lo qué probabilísticamente harán en el futuro, continúa Leonardo.
Sin embargo, el texto no sólo queda en la visión de “recudreciemiento del control planetario”, va más allá. Propone opciones para contrarrestarlo que implican otras formas para construir un Otro mundo posible, uno donde quepan muchos mundos, incluyendo la tecnología -no como fin, sino como herramienta: implica, entonces, ser humano.
¿No oyes ladrar a los perros?
TRP
Ciudad Monstruo, el cielo se nubla, la Tormenta, mañana, será el día después, julio 28/25
p.d. Todo lo que está entre comillas es de Leonardo Aranda.
p.d.1. ¡Claro, claro! Acá esta la liga al texto de Leonardo, “600 días”:
https://www.centroculturadigital.mx/revista/600-dias
p.d.2. También “Racionalidad necropolítica y tecnologías digitales”:
https://www.centroculturadigital.mx/revista/racionalidad-necropolitica-y-tecnologias-digitales
p.d.3. La imagen que acompaña a estas letras también es de Leonardo.
