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Giuseppe Cocco: El levantamiento de junio: una potentísima bifurcación dentro de la cual todavía estamos

Lunes 30 de diciembre de 2013

Lo que pasa en Brasil es fundamental para los pueblos de América. Compartimos las reflexiones de Giuseppe Cocco sobre las movilizaciones populares que abren brecha en unos de los capitalismos más "exitosos" y desiguales del mundo.


IHU - Unisinos

Adital

Entrevista concedida por e-mail a la IHU On-Line

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¿Qué es lo que las manifestaciones del llamado Octubre Brasilero nos enseñan en lo que se refiere a las posibilidades efectivas de la democracia directa?

Giuseppe Cocco- Las manifestaciones de octubre son la continuidad y el desdoblamiento de aquellas de junio. En conjunto, ellas enseñan muchas cosas, inclusive sobre las posibilidades efectivas de democracia directa. Antes que nada, nos enseñan que la "democracia directa” sólo existe en los términos de la radicalización democrática. El movimiento no sólo nos dice que la separación de la fuente (el pueblo), del resultado (los representantes) es inmoral, sino que explicita, y hace visible que esa dimensión inmoral del poder está basada en la violencia de sus policías. O sea, el movimiento tuvo la capacidad de mostrar a Brasil y al mundo las dimensiones perversas del monopolio estatal por el uso de la fuerza en Brasil; un régimen de terrorismo de Estado que, mediante el régimen discursivo sustentando por los medios de comunicación de la elite neoesclavista, es tratado como si fuese "externo” e independiente de los gobiernos, hasta el punto que, en Río de Janeiro la solución sería su profundización mediante la llamada "pacificación”.

Sería irónico si no fuese el cúmulo del cinismo esclavócrata. Es que la forma espuria de actuar del Estado, la connivencia generalizada entre las fuerzas de policías y el crimen organizado, en medio de la histeria represiva contra el tráfico de drogas, funciona como principal mecanismo de legitimación de la guerra contra los pobres y contra sus movilizaciones democráticas. Como siempre hizo, desde junio, el poder multiplica los rumores sobre participación del narcotráfico en las movilizaciones democráticas. En la senzala (casa donde vivían los negros esclavos) –o sea, en las favelas, suburbios y periferias– el terror anda a pleno vapor, ya sea que la policía sea del PSDB, del PT, del PSB o del PMDB. Es un terror estatal con características clasistas y, sobre todo, racistas. Los vientos de junio continúan soplando (no sólo en octubre, sino también en noviembre), y el otoño ya se convirtió en una primavera que anuncia el carnaval.

El levantamiento de junio no fue una explosión efímera, sino una potentísima bifurcación dentro de la cual todavía estamos. En esa bifurcación, las posibilidades de democracia directa aparecen, al mismo tiempo, potentes y activamente bloqueadas, literalmente criminalizadas por un Ministro de Justicia que transforma en delito, con apoyo entusiasta de la prensa hegemónica, a los derechos constitucionales de manifestación y libre opinión. Y esto basado en informes de la Policía Federal sobre actividades que no son delitos.

O sea, el Ministro de Justicia se transforma en Ministro de Policía y el Estado deja caer su máscara para aparecer explícitamente como lo que es: un Estado Policial. Confieso que me quedé espantado ante la "reacción” (y quiero enfatizar inclusive ese término, "reacción”, pues es la raíz de otro término: "reaccionario”) de la izquierda en general, sobre todo de la izquierda del gobierno, en particular la del PT y de algunos dirigentes y hasta de algunos amigos. Mi espanto aumenta cada día. Si de la Presidenta Dilma (que, como dijo un viral en internet de un artista carioca, "Ya fue Campanita y hoy se convirtió en Capitán Garfio”) no esperaba ninguna sensibilidad, no digo "social”, ni siquiera política; de otros esperaba una postura diferente, por lo menos progresista y esclarecida.

El hecho es que la izquierda en el poder y el PT (que me interesa) no hicieron, y no hacen, ningún esfuerzo por abrir los gobiernos que lideran a la nueva demanda de participación y de "democracia real ya”. Al contrario, asistimos a una postura arrogante y reactiva, en los moldes del Ministro de Justicia transformándose dócilmente en Ministro de Policía. Esta postura enfatiza lo que ya sabíamos: que las brechas de transformación de los gobiernos de Lula fueron definitivamente cerradas por Dilma; que las experimentaciones en términos de presupuesto participativo no sólo fueron cerradas hace tiempo, sino que fueron totalmente sobrevaloradas. El Presupuesto Participativo no dejó rastros políticos de ningún tipo.

Democracia productiva

De todas maneras, a pesar de ese vacío político desalentador, hoy es el horizonte innovador de una democracia productiva el que tenemos ante nosotros. Podemos aprehender sus dimensiones en tres grandes niveles:

A) la ruptura –parcial y temporal, pero real– de las dimensiones totalitarias construidas en torno del consenso de la "gobernabilidad”;

B) la multiplicación de asambleas (muchas de ellas llamadas "populares”) y ocupaciones de Cámaras y Asambleas Legislativas en muchísimas ciudades; y

C) la forma productiva del "movimiento”.

Las tres dimensiones hacen del levantamiento de junio-octubre un momento constituyente. En un primer nivel, por el decreto de reducción de las tarifas de transportes (en el caso de Río Grande do Sul, el gobierno Tarso tuvo el coraje de promulgar el Pase Libre para los estudiantes) y una serie de otros decretos de la plebe. En Río de Janeiro, se trató, sobre todo, del entorno del Maracaná y del retroceso parcial del alcalde (aunque falso) en las políticas de remociones de favelas. En el segundo nivel, las ocupaciones de "parlamentos”, además de traducirse en decretos del tipo de aquellos del primer nivel ("retrocesos” puntuales de los gobiernos) apuntaron a transformar la crítica de la representación en el terreno concreto de una profundización democrática, de invención de nuevas instituciones.

Volviendo otra vez a Río de Janeiro, las sucesivas ocupaciones de la Cámara de Concejales (y de la playa de Leblon, debajo de la residencia del Gobernador, sin contar el sin número de manifestaciones frente al Palacio Guanabara, frente de la Alerj o la breve ocupación frente a la residencia del Alcalde Municipal) mostraron que el movimiento de junio no era efímero, sino capaz de abrazar las luchas más difíciles como aquella contra la mafia de los ómnibus (reclamando una Comisión parlamentaria de investigación, transparente y democrática). Ya que la lucha contra la mafia de los ómnibus no es sólo una lucha por la reforma urgente de la gestión del sistema de transportes, sino también por la democracia: ¡Todo el mundo sabe que esos "lobbies” se constituyen en los mayores obstáculos al sistema democrático, inclusive del representativo!

La ocupación de la Cámara de Río de Janeiro mostró toda su potencia de nuevo terreno de lucha democrática cuando pasó a ser usada y renovada por los profesores de la red municipal. No es por casualidad que fue duramente reprimida: el poder no puede ciertamente tolerar que la democracia real se instale. Sería un ejemplo insoportable.

Finalmente, con el otoño convirtiéndose en primavera, la persistencia del movimiento nos muestra las dimensiones productivas y, en ese sentido, constitutivas del horizonte democrático que él define. Las movilizaciones prácticamente diarias, que se sucedieron en julio, agosto y septiembre hasta masificarse nuevamente los días 7 y 15 de octubre, son el terreno de una multiplicidad de iniciativas: abogados de la OAB, grupos de abogados activistas, grupos de primeros auxilios, colectivo proyección, autoformación en las ocupaciones, músicos y banditas, una multitud de medios de comunicación produciendo innumerables streamings y documentales, pasando por todos los tipos de registros fotográficos. La democracia que el movimiento dibuja es constitutiva y es incluso productiva. El hecho de un proceso de subjetivación que muestra toda la potencia de las redes y de las calles.

¿La ausencia de un proyecto político unificador de las pautas de los manifestantes llevó a la dispersión y a la inmovilidad? ¿Fue eso lo que ocurrió después de la reducción del precio de los pasajes, principal pauta de las manifestaciones de junio en varias ciudades brasileras?

Parece que fue exactamente lo contrario lo que ocurrió: no hubo dispersión, sino difusión y multiplicación de manifestaciones, reivindicaciones, asambleas y reuniones. Por lo menos en el caso de Río de Janeiro, no hubo ni siquiera un día de "inmovilidad”, sino una movilización diaria, modulada en escalas diferentes. La multitud pasó a construirse por la multiplicación difusa de iniciativas de luchas nuevas y antiguas. El movimiento de junio tuvo la capacidad de colocar pautas que eran tan urgentes como inalcanzables hasta entonces, como la cuestión de los transportes urbanos. Claro, los esfuerzos de los jóvenes del Movimiento por el Pase Libre (MPL) están en la base de todo esto, pero es la primera vez que la lucha sobre el precio de los pasajes y la calidad de los transportes se consolida en las ocupaciones de Cámaras y Asambleas Legislativas para que todo el sistema de gestión sea objeto de democratización.

El movimiento de junio se fue metamorfoseando en una constelación de movimientos e iniciativas, conectando entre ellas las luchas más diversas: desde aquellas de los favelados contra los desalojos o la violencia policial, hasta aquellas de los usuarios masacrados en los transportes todos los días, pasando por los movimientos de gremios como el de los bancarios, el de los petroleros y, sobre todo, el de los profesores.

Los profesores de Río de Janeiro encontraron en el levantamiento de junio y, principalmente, en su persistencia, la inspiración para luchar. Los profesores experimentaron, en las mezclas con el Ocupa Cámara y los jóvenes de la táctica Black Bloc, nuevas formas de lucha y organización, de tipo metropolitano: la forma sindical (el SEPE) salió extremadamente debilitada (y hasta objeto de críticas violentas), al paso que en su última fase, el movimiento fue experimentando formas embrionarias de organización territorial, algo como nuevas Cámaras del Trabajo Metropolitano que llegaron a vivir en las conexiones entre los diferentes acampes. No se puede saber con qué alcance, pero los acampes de Leblony de la Cámara fueron reiniciados esos días.

La huelga de los profesores municipales no fue más la tradicional huelga de ausentismo del sector público, sino una lucha sensacional de ocupación y resistencia, inclusive ante la represión policial. Es esto lo que llevó, el1º de octubre, a una batalla campal de horas y horas en el centro de Río de Janeiro (siendo la represión policial la única argumentación usada por el gobierno PMDB-PT para "negociar” con los huelguistas) y, el día 7 de octubre, a la vuelta de la multitud a la Avenida Río Branco.

Más de 100 mil personas marcharon, en una repetición de junio que ahora ya no tenía ningún tipo de ambigüedad. Una gran manifestación de izquierda, atravesada y enriquecida por las diferencias y por miles de jóvenes que adhirieron –tal vez por primera vez– a la táctica Black Bloc.

El 15 de octubre, nuevamente decenas de miles de personas ocuparon la avenida Río Branco. La multitud está en la calle y persiste en su quehacer. No es una masa homogénea y manipulada (aquella que a los medios de comunicación neoesclavista les gustaría ver en las calles), ni siquiera tiene la identidad gremial y corporativa que los sindicatos (cooptados por los patrones o supuestamente "radicales”) consiguen presentar, sino que es una multiplicidad de singularidades, sin líderes y por eso más potentes. Es la multitud la que está al frente, practicando e innovando formas de lucha y volviendo a dar credibilidad a la política, en particular junto a los jóvenes.

Proyectos de los partidos

Recordemos que, en junio, los partidos tradicionales (de gobierno y de oposición) criticaban al movimiento por no tener organicidad, líderes, ni "proyecto”. Cabría preguntarse: ¿cuáles son hoy la organicidad y los proyectos de los partidos? Por un lado, es difícil sostener que los diferentes partidos de gobierno tienen alguna organicidad. Ellos parecen funcionar como coaliciones espurias de estrategias personalistas, grupos de interés económico que forman bancadas muy poco "republicanas” a partir del peso de determinados lobbies (agronegocio, telecomunicaciones, evangélicos, etc.) que pasan por encima a las propias instancias partidarias. ¿Qué proyecto tienen esos "diputados y senadores”, sino la mera ocupación del aparato de poder tal como es? ¿Y cuál sería el proyecto de los partidos de izquierda?

Aquellos que hacen oposición se confirmaron como fundamentales, en particular el PSOL de Río de Janeiro. Sin embargo, la "izquierda de oposición” sale muy mal parada de estos cinco meses de luchas. Cuando todavía hay ciudadanía en el movimiento, eso no impide que el movimiento los transponga totalmente. Por otro lado, es evidente que la "izquierda de oposición” no representa ninguna alternativa electoral, y continúo convencido de que hasta el movimiento más radical necesita de algún momento electoral. En cuanto al PT, ¿cuál es su proyecto? Difícil de decir, pues no hay ninguno, a no ser "continuar en el gobierno”. Es todavía peor si preguntamos: ¿cuál es el proyecto que la Presidenta Dilma implementó en su mandato? En términos de políticas públicas, no hubo ninguna innovación.

La marca de Dilma fue la vuelta del economicismo, y eso alrededor de dos falacias: la primera fue la apuesta de la economía material a los commodities, a los megaeventos, a las megaobras y a los global players (la gran industria multinacional); la segunda –complementaria de la anterior– fue la idea de que el cambio de modelo económico vendría de arriba hacia abajo, por la decisión-decreto de "bajar la tasa de intereses”.

Cuando Dilma habla que le gustan los ingenieros y no los abogados, está siendo muy sincera, nos da a entender que ella es también autoritaria. No se trata sólo de la "manera”, del gusto por los ingenieros que hacen los cálculos de las represas o de los estadios, ante los "aburridos” abogados que ayudan a los indios y a los pobres a deconstruir esas ecuaciones para mostrar los impactos ambientales y sociales. Se trata incluso de una manera de pensar la política como una ingeniería social, una teleología del progreso a ser implementada, inclusive por la fuerza (la policía, sin olvidar que se trata de la policía brasilera, que mata oficialmente cinco personas por día), como hicieron Lenin y Stalin con la "industrialización forzada”. Sólo que ahora, lo ridículo es que el totalitarismo es para permitir a cualquier costo que la Copa de la FIFA ocurra en los moldes de los intereses de la FIFA. El nacionalismo es siempre así: en nombre del interés nacional, se abren avenidas para el neocolonialismo interno y, también, el externo.

Apenas fue elegida, Dilma mostró a qué vino: la destrucción del Ministerio de Cultura fue emblemática, pero también la afirmación de su estilo autoritario, con el despido de Pedro Abramovay, justamente por haber anunciado un elemento de proyecto (la reforma –urgente y necesaria– de la política de represión a las drogas). Un episodio que muestra el carácter arrogante y autoritario de la Presidenta y la sumisión dócil de sus ministros –comenzando por el que debería haber defendido a Pedro Abramovay, el Ministro de Justicia–, que prácticamente no tomaron ninguna iniciativa en estos tres años.

Nada produjeron los ministros. Imaginen lo que habría ocurrido con Tarso Genro cuando tomó la valiente decisión de conceder refugio a Battisti. El hecho es que los elementos originales del gobierno de Dilma fueron desastrosos y apagaron lo poco que había de "izquierda” en el pragmatismo "lulista”: con el plan de las megaempresas, tenemos la quiebra de Eike Batista –que involucra al BNDES, CEF y FGTS– y las dificultades graves de Petrobras que llevaron a la Subasta de Libra (y llevarán al aumento del precio de la gasolina porque la producción de los pozos tradicionales cayó); los megaeventos se mostraron impopulares justamente en junio, durante laCopa de las Confederaciones–¿como se hace para gastar miles de millones en embellecimiento (en el Puerto Maravilla) cuando millones de personas conviven con ríos de desagüe a cielo abierto? Sólo mediante la connivencia con la tradicional política de terror, ésa sin mascarada por detrás del filtrado de raza y clase, que mantiene la senzala (casa de esclavos) en "su lugar”.

En el plan de la nueva política económica (el mantenimiento de los subsidios a la gran industria y el intento de bajar los intereses), se acabó reforzando las tendencias inflacionarias que ya estaban presentes. El levantamiento de junio fue, inicialmente, la afirmación de que sólo una movilización democrática es capaz de romper la danza mortífera que vincula a las dos inflaciones: ¡la de los intereses y aquella de los precios! Convirtiéndose en primavera, el otoño es también la base para la reafirmación de la propia noción de proyecto. El "proyecto” que interesa es aquel que no es unitario, sino múltiple, aquel que está abierto a otro proceso de producción de subjetivización, aquel que no se separa del proceso de su constitución: el único modo para la "política” es volver a ser ética (y para los jóvenes), es mantener la fuente y el resultado juntos en un proceso continuamente abierto. El único proyecto que interesa es justamente aquel que no es proyecto, o sea, donde no hay ninguna teleología totalitaria, sino el máximo de constitución democrática.

¿Qué relación puede hacerse entre aquellas primeras manifestaciones y las más recientes, que pasaron a ser identificadas por los actos de violencia? ¿Se trata de la continuación de un mismo fenómeno o son situaciones aisladas una de la otra?

Giuseppe Cocco- No hay diferencia entre las primeras manifestaciones y aquellas que persistieron a lo largo de estos meses: por ejemplo, las primeras manifestaciones en Río de Janeiro, a comienzos de junio, tenían muy poca gente y ya estaban caracterizadas por la determinación de una nueva generación de jóvenes en resistir a los ataques de la policía y dar a las manifestaciones algún nivel de efectividad. Contrariamente a lo que los medios de comunicación y los intelectuales vinculados al gobierno afirman hoy, fue esa característica sobresaliente de las manifestaciones lo que las masificó. Mientras tanto los gobiernos creían que el "ruedo” policial había ahuyentado a los manifestantes, en particular a aquellos politizados de clase media que –según sus cálculos obsoletos– deberían constituir el núcleo duro de las movilizaciones.

No sólo eso no los ahuyentó, sino que los masificó y, dentro de la masificación, se fue construyendo la capacidad de resistir y hasta de practicar acciones directas de tipo simbólico. Desde el comienzo, el poder de los medios de comunicación y los medios de comunicación del poder intentaron imponer la separación entre los manifestantes "ordenados” y los "vándalos”, y no funcionó. No funcionó porque, a pesar de las mistificaciones seguidas de los medios de comunicación, las prácticas de la autodefensa y de las acciones directas respetaron límites políticos precisos que no permitieron que en ellas se colara el discurso de la violencia y del miedo.

La mayoría de la población, sobre todo de la población joven y pobre, pasó a visualizar en esas prácticas una brecha de lucha efectiva. Se trata, pues, de una continuidad y de una maduración, como vimos en la vuelta de la multitud a la Avenida Río Branco en los días 7 y 15 de octubre. Sin embargo, podemos y necesitamos sistematizar la cuestión de la violencia en tres momentos de reflexión: la violencia ya existe y la novedad fue la brecha democrática; la cuestión de la táctica Black Bloc; y la represión.

La violencia

Los medios de comunicación y el poder siempre intentan decir que la violencia viene de la protesta, o sea, de la manifestación democrática. Se trata de una operación sistemática de mistificación que asistimos en sus formas explícita y asesina en los últimos eventos de San Pablo –al paso que algunos jóvenes están en prisión preventiva con la gravísima acusación de "intento de homicidio” de un policía (que no sufrió ninguna herida grave), los policías que asesinaron fríamente a dos adolescentes (en momentos diferentes e inmediatamente después) son acusados de "homicidio culposo”. Peor, diarios como O Globo (que tiene una larga y mortífera historia de apología del arbitrio policial) llegaron a publicar titulares que invertían a propósito el sentido de los hechos: "Protesta contra muerte de joven termina en violencia”. O sea, la justa indignación popular contra la violencia asesina del Estado sufre una inversión grosera, y hasta ofensiva a la inteligencia del lector.

Lo que el movimiento hizo y hace no es practicar la violencia, sino hacer explícita y visible la violencia del poder y sus sistemas de (in)justicia, como el caso Amarildo, el albañil torturado, asesinado y desaparecido en la sede de la UPP de la PM de la Rocinha de Río de Janeiro. Lo mismo ocurrió con los más de 10 habitantes asesinados en la favela de la Maréen junio, durante el movimiento, por la "Tropa de Elite” de la PM de Río de Janeiro y en relación con la cual ni siquiera existe un procedimiento disciplinario. El movimiento mostró que los habitantes de la senzalano tienen ciudadanía ni derecho de luchar. La matanza de la Maré fue un mensaje claro, genuinamente neoesclavista, a los pobres: ustedes no tienen derecho de luchar y si luchan serán asesinados. Ésa es la democracia que vivimos: no en los valles de un Brasil remoto, sino en la metrópoli olímpica, Río de Janeiro. Y esto con un gobierno estadual del PT y del PMDB.

La táctica Black Bloc

Sin embargo, miles de jóvenes pobres descubrieron, en junio, que había una brecha para luchar. El Brasil de los megaeventos, de las Copas y de las Olimpíadas no puede repetir en las calles y plazas lo que hace en las favelas, periferias y suburbios todo el santo día. No es por casualidad que eso ocurrió durante la Copa de las Confederaciones.

La lucha fue contra, pero dentro: dentro y contra. Esa brecha es claramente democrática, pues mediante ella los jóvenes pobres (aunque en la mayoría de los casos sean los más dinámicos — prounistas, reunistas, etc.) encontraron la posibilidad de luchar, huyendo del doble mecanismo racista y asesino que normalmente es usado para controlarlos: el arbitrio de la policía y aquel del narcotráfico, solo que a veces toma el nombre de "milicia”.

Al mismo tiempo, los jóvenes que encontraron esa brecha no creen en la representación y quieren mucho más y mejor. No quieren ninguna bandera que no sea aquella que ellos mismos afirman y producen en su lucha. Además, me parece, esos jóvenes, y más en general los jóvenes que decidieron entrar en la política en junio, piensan que el único modo de hacerlo es conseguir cierto nivel de efectividad, o sea, quedándose en las calles de las maneras más autónomas y determinadas posibles.

Debe haber otras explicaciones que yo desconozco, pero mirando hacia Río de Janeiro, donde la táctica Black Bloc se presentó explícitamente (si yo no estuviera equivocado) sólo el día 30 de junio, en las manifestaciones de protesta durante el fin de la Copa de las Confederaciones, creo que las banderas negras del anarquismo fueron aquellas que la gran mayoría de esos jóvenes eligió como siendo internas a una lucha que es, antes que nada, una lucha contra la representación y afirma la necesidad de formas de organización radicalmente horizontales, sin liderazgo.

Nunca fui anarquista y no creo en el "anarquismo” porque pienso que la lucha es por la invención de nuevas instituciones. Pero no sirve de nada querer que la "realidad” se encaje en nuestras ideas. Es preciso que las ideas se adecuen a la realidad. La referencia (global) a la táctica Black Bloc parece haber respondido o correspondido a algunas inflexiones totalmente brasileras y cariocas.

La primera es la necesidad de esos jóvenes oriundos de las periferias y de los suburbios de enmascararse para poder luchar (hay como una inversión: no usan máscaras por ser Black Blocs, sino que se llaman Black Bloc para poder usar las máscaras y llegar enmascarados a las manifestaciones del mismo modo que las banderas negras de la anarquía le parecen las únicas –pero no exclusivas– que afirman la horizontalidad radical de su lucha).

La explicitación de la táctica Black Bloc es también –y paradójicamente ante el proceso de criminalización del cual son objeto– la definición de una ética de la resistencia y de la acción directa, o sea, de "límites” dentro de los cuales mantener esas dos prácticas que el movimiento de junio y sus desdoblamientos, a lo largo de los meses de julio, agosto, septiembre y octubre, pusieron en la pauta. La táctica Black Bloc fue un éxito mediático inesperado. Son ellos los que llaman la atención de todos los tipos de medios de comunicación. ¿De dónde viene ese "éxito”? De la percepción de que en esa táctica hay una brecha democrática capaz de poner en la calle la cuestión de la paz y de la justicia social: es esa táctica que consiguió dar el nombre de Amarildo a todos los pobres sin nombre masacrados arbitrariamente por el Estado: cinco por día, según las estadísticas publicadas por O Globo.

Sin embargo, parece que la táctica Black Bloc tiene una dimensión estética que también puede funcionar como una identidad y eso, a mi ver, es un problema. En primer lugar porque puede servir para los dibujos de la represión que busca exactamente aislar fenómenos de organización que no existen. En segundo lugar porque puede ingenuamente atribuir a las dimensiones estéticas de la acción directa un peso político que en realidad no tiene. Por ejemplo, la ruptura de los cajeros electrónicos se parece a la destrucción de los relojes en las viejas revoluciones del siglo XIX. De la misma manera que el proletariado industrial no conseguía con esto detener los ritmos del tiempo del asalariado, el proletariado metropolitano no conseguirá detener los flujos de las finanzas rompiendo los cajeros electrónicos de los bancos (es decir, en esto losBlack Blocs están muy cerca de Dilma y de su intento fracasado de detener las tasas de interés). Quedando en esa estética, la lucha corre el riesgo de caer en una trampa. Finalmente, los adeptos de la táctica Black Bloc pueden quedar "presos” en esa dimensión estética, repitiéndola sistemática e ingenuamente. En suma, la dimensión estética corre el riesgo de determinar demasiado aquella política, y pienso en la consigna de Walter Benjamin (el filósofo comunista alemán víctima del nazismo): la lucha por la politización del arte continúa vigente.

La represión

Llegamos así a la cuestión de la represión: lo que está ocurriendo –y a nivel federal– es escandaloso. La Policía Federal –al mando de la Presidenta y del Ministro de Justicia– divulga en la prensa la existencia de listas de "sospechosos” por practicar actividades totalmente constitucionales: libertad de opinión y de manifestación, articulaciones políticas y culturales internacionales. No se puede creer.

En junio, dirigentes del PT y del gobierno hablaron sobre el peligro de "golpe”, hablaron de coxinhas (gente que no se arriesga) y también de "fascismo y barbarie” en las manifestaciones. Tuve un vivo debate con mi amigoTarso Genro, en presencia de Boaventura de Souza Santos, en Lisboa (en julio de este año), durante el cual él hablaba de fascismo y de la "marcha sobre Roma”. Ahora, el fascismo es un fenómeno estatal, nacionalista e identitario: totalmente lo contrario de los discursos, de las banderas y de la estética de estos muchachos. Quien tiene aires de fascismo es Vargas, con el cual Emir Sader comparó al Presidente Lula. Quien es ambiguo es el nacionalismo que circula en la izquierda neodesarrollista (inclusive, como vimos en la Subasta de Libra, hace como el fascismo: retórica nacionalista y política entreguista).

Fascismo y xenofobia es hacer demagogia con las visas (bienvenidas) a los médicos cubanos y dejar irregulares a los miles de trabajadores bolivianos en San Pablo. En fin, fascistas son las policías de cualquier estado de Brasil que pueden matar y torturar libremente sin que el señor Ministro de Justicia constituya ninguna fuerza de tarea. Fascismo y barbarie son las condiciones de las cárceles en Brasil, hacia adonde el propio Ministro dijo que no le gustaría ir.

El fascismo es un fenómeno estatal, organizado y estructurado en torno de la radicalización de los valores tradicionales: la nación, la familia y hasta la raza (y el anarquismo ante esto –nos guste o no– es una contradicción en los términos). El fascismo ya está presente y es dominante en Brasil y no necesita de ningún golpe, a no ser aquel que el propio gobierno está dando a la democracia. Quien colocó al ejército en la calle fue el gobierno federal para proteger el remate de las reservas estratégicas de petróleo. La quiebra del Estado de derecho ocurrió por obra del Estado de Río de Janeiro (y sorprendente aprobación de Cardozo) con la detención indiscriminada y en masa de 200 personas con el único criterio de que estaban en la escalera de la Cámara de Concejales de Río de Janeiro, ejerciendo el derecho constitucional de manifestación. Esa operación sí es de "tipo” nazista: detención indiscriminada, en masa, por represalia.

No se trata sólo de decir que ninguna fuerza de tarea fue constituida entre el Ministro de Justicia y los Secretarios de Seguridad de Río de Janeiro y de San Pablo para detener los asesinatos sistemáticos de pobres (los "Amarildos”) por las PMs de todos los estados. Hay otra evidencia, terrible, que solamente Cardozo y Dilma no quieren ver: en Río de Janeiro, a lo largo de cinco meses de movilizaciones de calle y enfrentamientos, la PM –como el propio Secretario de Seguridad José Mariano Beltramedijo– se "aseguró” y el uso de armas letales fue extremadamente limitado (aunque preocupante el 15 de octubre). ¿Qué significa eso? Que el uso sistemático del acto de resistencia para matar, torturar y hacer desaparecer pobres es una práctica que tiene vigencia mediante una autorización de hecho por parte de los gobiernos. En el caso de las manifestaciones, para mantener su imagen externa y evitar también una revolución generalizada, los gobiernos consiguieron pasar el "mensaje” a su PM y no quieren hacer pasar lo que tiene que ver con su actuación en la Maré, en la Rocinha, en los suburbios de Río de Janeiro y en las periferias de San Pablo. Sólo ese Ministro de Policía para no ver la enorme brecha hacia la paz que habría, abriendo mesas de negociación. Sólo la arrogancia potencialmente totalitaria de la Presidenta y de los sectores mayoritarios del PT que no hacen autocrítica de los 10 años de (no) políticas de la juventud. Lo mejor de la juventud brasilera está en las calles. ¿Qué hicieron los gobiernosde Lula y Dilma? ¿Alguien sabe?

¿Podríamos concluir que las recientes manifestaciones están atravesadas por una cultura de resentimiento?

Giuseppe Cocco- El único resentimiento que yo vi (y veo) es el que se encuentra en los análisis de esos "académicos” que están paradójicamente desarmados teóricamente para entender lo que ocurre y ocurrió. Descubren que las categorías que usaban no sirven para nada e intentan descalificar lo que ocurre y exorcizar los trabajos teóricos que los anticiparon. El caso más triste es el de Marilena Chauí. En una entrevista con la Revista CULT, ella hace una serie de consideraciones infundadas sobre el pensamiento de Foucault, Agamben y Negri y comienza declarando "haberse llevado un susto cuando descubrió que los niños del MPL habían usado las redes para convocar a las movilizaciones”. Como si las redes fuesen una opción y no la nueva base material del trabajo y de las luchas, la condición ontológica dentro de la cual vivimos. Esa disociación entre el pensamiento y el análisis material (o sea, el hecho de que cuando ella habla de "clases” movilice una mezcla extraña de sociología marxista ortodoxa con moralismo psicológico que poco tiene que ver con la teoría spinozista de los afectos) explica tal vez el hecho de que ella no se haya inmutado cuando criminalizó a los jóvenes que están en la calle, a merced de la máquina mortífera que es la PM de Río de Janeiro (en agosto).

¿Cómo se relaciona este cuadro de situación con el concepto de multitud, de Antonio Negri?

Giuseppe Cocco- Totalmente. Los conceptos de trabajo inmaterial y de multitud se muestran totalmente adecuados ante lo que está ocurriendo y confirman la dimensión pionera de esas teorizaciones. Lo que tenemos en las calles, sociológicamente hablando, es el trabajo inmaterial metropolitano que lucha con la movilidad y la democracia al mismo tiempo. Y esas luchas "crean” multitud, constituyen una multitud de singularidades que cooperan entre sí, manteniéndose como tales. La "multitud” no es positiva en sí (como dice de manera infundada la historiadora de la filosofía hablando de Negri), pero es afirmación, constitución. Fuera de esto, lo que observamos es la fragmentación social, la pérdida de derechos. El movimiento de junio nos muestra que no necesitamos volver a las grandes masas fabriles para luchar. Por el contrario, "nunca antes en la historia de este país” hubo un movimiento tan fuerte y tan autónomo, mucho más que el nuevo sindicalismo del cual vino Lula.

De la misma manera, cuando publicamos, en 2005, GlobAL: biopoder y luchas en una América Latina globalizada (Río de Janeiro: Record, 2005), decíamos que los nuevos gobiernos eran interesantes en la medida que estuvieran atravesados por los procesos de subjetivación –quiere decir, por las luchas– capaces de construir una alternativa al neoliberalismo y al neodesarrollismo. De esa manera, Negri y yo anticipamos, por un lado, que las brechas del gobierno de Lula habrían producido esa nueva subjetividad y que ésta no se habría reducido al lulismo. Por increíble que parezca, el régimen discursivo hegemónico en el PT fue aquel que comparaba a Lula conVargas y, de manera totalmente bipolar, reducir la movilización social a la movilidad estadística (la emergencia de una Nueva Clase Media). Por lo visto, quien está llamada a llenar ese vacío de la teoría y de la política hegemónica en el PT, y en el gobierno, es la Policía Federal.

Traducción: Daniel Barrantes - barrantes.daniel@gmail.com

Vea también:

La movilización refleja nueva composición técnica del trabajo inmaterial de las metrópolis. Entrevista especial con Giuseppe Cocco, publicada en los Cuadernos IHU Ideas nº 19 bajo el título #VEMpraRUA - ¿Otoño brasilero? Lecturas, disponible enhttp://bit.ly/ihuid002

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Giuseppe Cocco es graduado en Ciencias Políticas por la Universidad de París VIII y por la Università degli Studi di Padova. Es magíster en Ciencia, Tecnología y Sociedad por el Conservatoire National des Arts et Métiers y en Historia Social por la Universidad de París I (Panthéon-Sorbonne). Es doctor en Historia Social por la Universidad de Paris I (Panthéon-Sorbonne). Actualmente es profesor titular de la Universidad Federal de Río de Janeiro – UFRJ y editor de las revistas Global Brasil, Lugar Común y Multitudes. Coordina la colección La Política en el Imperio (Civilización Brasilera).


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