Ké Huelga Radio

Crónica de la brutalidad policíaca el #1DMX

Jueves 5 de diciembre de 2013

Por Alejandra Natalia Rodríguez Escobar

¡Deténganla, es anarquista!

Escuché la voz masculina que sentenció mi detención.

  • ¡Soy prensa!, ¡vengo de Somos el Medio!

No es suficiente para alejar a los policías que me encapsulan. En cuestión de instantes, sólo logro ver uniformes azules, botas y cascos. Mi única arma es una cámara, la cual suelto al sentirme sometida. Hoy ya no sé nada de ella.

Minutos antes, aproximadamente a las 14:00 horas me encontraba cubriendo la marcha y actos de protesta ocurridos en la Ciudad de México con motivo del llamado 1Dmx. Avancé al paso de los demás periodistas sobre la calle Enrico Martínez y a la altura de La Ciudadela. Siento cómo por la espalda me detienen y me someten por el cuello.

Mis gritos de ¡no! y ¡ayuda! fueron las palabras subsecuentes. Logro sujetarme a la reja a la que soy lanzada por el contingente policiaco. El miedo lo externo en mis gritos de auxilio, después se convierte en indignación al sentirme esposada.

¿Qué he hecho para estar así? Documentar lo sucedido, ¿acaso eso es un delito?

En el encapsulamiento policial una mano entra en la parte trasera de mi pantalón tras ser esposada.

Más de un periodista intenta documentar lo sucedido, en el intento varios son agredidos. Al ser puesta en pie, siento cómo me aprietan más las esposas, situación que me provoca un intenso dolor en las muñecas. ¡Ya por favor dejen de lastimarme!, insisto.

Me conducen hacia avenida Chapultepec. Llegan más policías.

  • ¡Me siento mal, suelten un poco las esposas! Le digo a una de las policías que me lleva detenida. Responde:
  • ¡Si eres violenta, yo lo seré contigo!.

Mi rostro en el suelo

Me siento atemorizada, me muevo un poco y ella golpea mi pierna derecha con su rodilla. Caigo al piso. Por unos instantes pierdo la conciencia, me siento sofocada. A lo lejos escucho:

  • ¡Soy paramédico déjenme ayudarla­!

No lo permiten. La caída provoca heridas en mi brazo izquierdo y al ser reincorporada por la fuerza, lastiman mi espalda.

Acto seguido a los golpes y sometimiento de mi persona, me llevan aproximadamente 30 policías con exceso de fuerza a la patrulla, mientras un cerco de aproximadamente 100 policías a los costados impiden que los periodistas documentaran mi detención. Soy trepada a la patrulla P-7539. Me niego a subirme si no me acompaña alguien de Derechos Humanos. Si mi detención había sido tan violenta, seguro el camino lo sería más, alguien tenía que impedirlo. Alcanzó a subirse el visitador de la CDHDF Alberto Rosas Velázquez, adscrito a la quinta visitaduría. Me trasladan al Juzgado Cívico 1 de la Delegación Miguel Hidalgo. Él observador de la CDHDF me notifica que los policías que me trasladaron y esposaron son parte del agrupamiento “Atenas”. Una de las que me sostenía mientras estaba esposada y me sometía responde al nombre de Martha Contreras Juárez, la cual señaló ser suboficial de dicho agrupamiento.

En el traslado fije mi mirada en los ojos de mis agresores, descubro que me evaden, saben que habían hecho uso desmedido de la fuerza.

Intimidación

Llego al juzgado. Me notifican que fui aprehendida por agredir a dos policías varones. Los supuestos agredidos no se presentan. Es obvio: no existen. Pienso en el argumento que utilizaron para detenerme: “es anarquista”, acaso eso es un delito, no se supone que vivimos en un país donde no se te criminaliza por tu postura política. Yo no me considero anarquista; sin embargo, no desdeño ninguna posición ideológica.

De pronto me avisan que las policías que me detienen no dejan de sacar fotos a mi familia, compañeros y a mí. Señalo que no puede hacerlo. No les importa, continúan hostigando.

Después de tres horas ingreso a la revisión médica. Una de mis agresoras ingresa también. La doctora me obliga a firmar dos hojas en blanco apelando a que en ellas se pondrá mi parte médico.

A pesar de que es su obligación, me dice que está para ayudarme y que no puede hacerlo si yo no coopero. Firmo dichas hojas, sin embargo, no me percato de que ahí se imprima mi parte médico, pues lo entregan a la policía.

Es momento de declarar ante la juez. Señala que el supuesto delito ya es otro: participar en los desmanes. Explico que los periodistas intentaron ayudarme. La juez me cuestiona insistentemente si los periodistas agredieron a los reporteros.

La juez hace llamar a un testigo, Rogelio Velázquez, reportero de la revista Contralínea. Le cuestiona: ¿Por qué no la ayudaron?, sólo les importa la foto, que malos son. Aseveraba la juez al periodista.

No me encuentra ningún delito, por el contario, la violación a mis derechos como periodista y ser humano es evidente. La juez me deja en total libertad sin ningún cargo y afirma:

  • No es nada que me competa a mí. Ellos (los policías) tienen malos procedimientos de actuación, les hace falta mucho”.

La juez hace evidente la brutalidad policiaca.

Y qué viene después

Al llegar a mi casa veo en la web la labor hecha en las redes por mi liberación, la cual es impulsada por personas a título individual, medios, organizaciones sociales y colectivos, lo que agradezco de todo corazón.

Pero también veo la campaña de desprestigio de la cual soy víctima. En algunas notas de varios medios se menciona: “agarran anarquista quitándose la capucha”, “joven participante en los disturbios detenida por sabotaje y robo”.

Es información sustentada en las supuestas declaraciones oficiales, o bien hecha en la competencia por obtener la nota. Incluso por pertenecer a medios que no contrastan la información, o simplemente son empresas de comunicación al servicio del poder. Sin olvidar que además de criminalizar la protesta social en sus notas, no aceptan y desacreditan las voces independientes que intentan informar lo que ellos callan.

La verborrea informativa me hace recordar la frase del periodista polaco Ryszard Kapuscinski: “Cuando se descubrió que la información era un negocio, la verdad dejo de ser importante”.

Es por ello que escribo mi testimonio de aquella tarde brutal, que cambio mi vida y ha dejado secuelas físicas y emocionales, que si bien se curaran. Es necesario dejar testimonio de lo que pasó, para que jamás vuelva a pasar, porque las cárceles están llenas de inocentes que fueron detenidos arbitrariamente como yo; sin embargo, ellos no tiene medios en donde escribir y denunciar su situación.

http://www.somoselmedio.org/?p=10073


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